
Había una vez una nube que era muy chiquita y muy solita que andaba, lejos de las grandes nubes. Chiquita era, apenas un rabito de nube. Y cuando las grandes nubes se hacían lluvia para pintar de verde las montañas, volando llegaba la nubecita para ofrecer sus servicios, pero mucho la despreciaban porque era muy pequeña.
- Tú no aportas nada, le decían las grandes nubes, eres muy chiquita.
Y muchos la burlaban, y entonces la nubecita se iba muy triste a otro lado para lloverse, porque a donde llegaba la hacían a un lado las grandes nubes. Y así se fue muy lejos la nubecita, hasta que llegó a un lugar muy seco, sin una ramita siquiera, y la nubecita le dijo a su espejo( porque resulta que la nubecita cargaba con un espejo para hablarle cuando estaba sola).
Aquí está bueno para lloverse porque nadie viene.
Y entonces la nubecita empezó a hacer un gran esfuerzo por lloverse y por fin le salió una gotita.
Entonces la nubecita se desvaneció y se transformó en gotita de lluvia. Solita se iba cayendo y nada había debajo que la esperara. Y solita cayó por fin la gotita. Como había mucho silencio en ese desierto, mucho ruido hizo la gotita cuando cayó encima de una piedra. Y entonces se despertó la tierra y preguntó:
- ¿ Qué es ese ruido?.
- Fue una gota de lluvia que cayó, le respondió la piedra.
- ¿ Una gota de lluvia?
- Entonces va a llover.
- ¡ Rápido! ¡ Prepárense que va a llover!- le avisó a las plantas que estaban escondidas del sol bajo la tierra.
Y las plantas se despertaron rápido y se asomaron, y por un momento todo ese desierto se cubrió de verde, y entonces las grandes nubes desde lejos lo miraron tan verde y dijeron:
- Allá hay mucho verde, vamos a llovernos en aquel lugar que no sabíamos que estaba verde.
Y se fueron a lloverse en ese lugar que antes era un desierto, y mucho llovió y las plantas crecieron y todo quedó verde de una vez.
- Suerte que existimos nosotras -dijeron las grandes nubes-, porque sin nosotras no hay verde.
Y nadie se acordó en ese momento del rabito de nube que se hizo gotita y que con su ruido despertó a los dormidos.
Nadie se acordó, pero la piedra si guardó el recuerdo de la gotita de lluvia. Pasó el tiempo y se desvanecieron las grandes nubes primeras y murieron las primeras plantas. Y a las nuevas plantas que nacieron y a las nuevas nubes que llegaron la piedra que no muere nunca les contó la historia del rabito de nube que se hizo gotita de lluvia...

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